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Ventanas de la ciudad son desiertos, ventanas amaestradas hasta lo inaguantable. Ventanas como gritos contenidos dentro de la boca, ternura impracticable, horror de vacío: ventanas sin cabellos tristísimos de mujer tristísima que conservaba la esperanza frente a la ventana.

 Ventanas que fueron hechas para buscar la silueta de mujer en la ventana, para lamer la lluvia de ella, para entrar por ella y empedrarse a ella, hasta sacar vaho de la ventana. Vaho en al ventana sobre el que una mujer dejaba el círculo de la nariz pegada y los dos senos.

Círculo de la nariz pegada y los dos senos de mujer en la ventana con ciprés debajo y montaña remota.

Ventanas que nacieron para pasar el lomo por las ventanas, para comer pájaros recién nacidos de los nidos que en ellas colgaban, para dejar un círculo de vaho en la ventana mirando los dos senos de la mujer desnuda y nariz pegada.

 Ventanas por las que aún se podía entrar por las ventanas, elegir cada uno una ventana, subir y desnudarse ventana frente a ventana, bajar después corriendo a palparse a través del mismo cristal.

Ventanas que eran espasmos, excitación para el cielo, locura de esperar en la ventana, la tempestad de la despedida arrancando las contraventanas. Ventanas que eran el olvido y el pasmo de abrir la ventana y encontrar un vacío.

Ventanas que ya no dan a ciprés debajo ni a montaña remota, ventanas de ciudad que dan a dieciséis ventanas de ladrillo, a patio vació con sábana, esta ventana pobre de cuarto piso que tiene sólo un día de lluvia con un círculo de vaho con una mujer círculo con los dos senos y la nariz pegada.

Del libro La campesina fascinada

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aunque ya no caminas por el ciber espacio, muchas felicidades!!!

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El sábado estuve viendo Match point por novena vez y no dejaba de acordarme de nuestra amiga Marilyn y la maldición de las seductoras, deseadas y rechazadas, a las que todos quieren poseer pero a las que ninguno quiere amar… 

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En Lynch, el “hecho original” es la depresión de la mujer, su deslizamiento hacia el abismo de la autoaniquilación, de letargia absoluta; por el contrario, es el hombre el que se presenta a la mujer como objeto de su mirada. El hombre la “bombardea”con shocks con el fin de atraer su atención y sacarla así de su parálisis; en síntesis,con el fin de reinstalarla en el orden “apropiado”de la causalidad.

La tradición de una mujer insensible, letárgica, sacada de su parálisis por el llamado de un hombre ya era vigente en el siglo XIX: basta con recordar a Kundry, en Parsifal, de Wagner, quien, en el comienzo de los Actos II y III, es despertada de un sueño catatónico (primero, gracias a los rudos llamados de Klingsor, luego a través de la atención de Gurnemanz), o-tomada de la vida “real”- la figura única de Jane Morris, esposa de William Morris y amante de Dante Gabriel Rossetti. La famosa foto de Jane de 1865 presenta a una mujer depresiva, profundamente absorbida en sus pensamientos, que parece esperar la estimulación del hombre para que éste la saque de su letargo: esta foto ofrece, quizá, la mejor aproximación a lo que Wagner tenía en mente cuando creó la figura de Kundry.

 

De crucial importancia es la estructura formal universal que está operando aquí: la relación “normal” entre causa y efecto es invertida; el efecto es el hecho original, viene primero, y lo que aparece como su causa – los shocks que supuestamente ponen la depresión en movimiento- es en realidad una reacción a este efecto, una lucha contra la depresión.

 

(…) ¿qué es esta depresión femenina que suspende el lazo causal, la conexión causal entre nuestros actos y los estímulos externos, sino el gesto fundante de la subjetividad, el acto de libertad primordial, por el cual rechazamos nuestra inserción en el nexo de causas y efectos? El nombre filosófico para esta “depresión” es negatividad absoluta, lo que Hegel llamó “la noche del mundo”, el retiro del sujeto en sí mismo. En síntesis, la mujer, no el hombre, es el sujeto par excellence. Y el lazo entre esta depresión y la indestructible sustancia vital es también claro: la depresión, el retiro en-sí-mismo, es el acto primordial de recogimiento, de mantenimiento de una distancia respecto a la indestructible sustancia vital, haciéndola aparecer como un destello repulsivo.

ZIZEK: “Las metástasis del goce. Seis ensayos sobre la mujer y la causalidad”.Capítulo 5, David Lynch o la depresión femenina.

Porque si.

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