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 Revisando la revista exit sobre las ventanas me he encontrado esta joyita, si teneis oportunidad de ver su trabajo merece mucho la pena.

Yo tambien creo que a esta revista podrian sacar mas jugo, pero por lo menos inspira…

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Uta Barth … and of time

Oración

Agua, alegría, beso,

leche, cama, ventanas,

llenen este cuerpo y esta casa.

Mis ingles son tan decididas

como una mujer

pero lejos me encuentro

del ruego de las praderas

Alda Merini

Leí un libro de nuestra biblioteca municipal en el que se decían cosas como estas:

En el amor se trata de la no existencia, no de la existencia

 En este libro se plantea la cuestión del  re-conocimiento, con interes y entrega, con amor para hacer presente el ser, con todas sus facultades, a algo que se hace presente con toda su autonomía y su misterio. Reconocer sería una comunión de presencias.

 Para hacer conocimiento de esa realidad hay que hacer que esa realidad hable.

Pasión

Candela

Combustión

En los museos se despierta la gran cuestión humana con más fuerza que en otros lugares ¿cual es el destino de nuestra fragil especie en un lugar de misterio y fascinación como es el mundo en el que vivimos?

Los grandes maestros dicen que el destino de nuestra especie es ver con la mayor intensidad posible, conprender y amar con  la totalidad del ser este esplendor para testificar que se ha advertido y que se ha querido.

Esta afirmación de los maesrtos religiosos la sostienen igualmente los pintores con sus cuadros y todos los artistas con sus obras.

Siempre admiré los saltos de trampolín. Pero asusta tanto saltar…tanto

Sentir hogar nos ofrece cierta ilusión de lo estático…pero nada permanece quieto… como en los saltos, donde por un instante (eterno) pasas a ser un muñeco de trapo.

No hay morada, pero es que tampoco hay nadie que tenga que resguardarse.

Quien se reconoce en la pura intemperie, cuando ya no queda nada a lo que apegarse para protegerse conoce su propia naturaleza.

…hay que recuperar la intemperie y la no morada por eso hay que liberarse del apego a las cosas y modos de vida y mas aún al apego a las creencias

como niños sin doblez, sin importancia sin poder, abiertos y frescos, sin moldear

sin cargas

pobres

sin defender parcelas

Solo así el misterio insondable, la intemperie del cosmos sin domesticar.

Nos movemos por la espesura de taigas crepusculares donde los senderos de retorno, son tan floridos como inaccesibles para el resto.

Así marcamos la tierra con palabras espinales, poniendo todo el talento en la aproximación de los cuerpos, en la tibieza de la piel recien empezada.

Circundamos silencios tan contraidos, que recuerdan la vida secreta del cristal, apenas rumores de sendos usos migratorios, con los que fletar mercancías exquisitas proporcionales al esfuerzo realizado, mientras susurramos a los líquenes

HAY QUE AMAR EL ESPACIO

Nos damos la vuelta con la gravedad de las cosas importantes, y  la tez pura y quebrada de haber comprendido, que no hay distancias, y un hambre de clemencia singular atesorada en los primeros tiempos, para aguardar sin temor  al enemigo.

Pero el río menguando como un tergal ceñido sobre las escápulas de un ANGEL, nos retorna a la city inagural, a la motilidad terrestre.

Imagen terminal semejante a un tren de cercanías sin espacio para más, sin plan o clavija, ralentizada la esena de pronto al igual que en los filmes orientales, donde todo el fotograma nos saca de un plumazo de la realidad externa, y un asfalto muy negro se emancipa con una  ternura de escuadra lírica, y jardines verjados añaden espacios de privacidad engañosa, y sofás forrados de eskay negro piden desertar de sus enclaves, mientras la banda sonora terminantemente punk sobrecoge pupilas.

Pero el río no para de ceder centímetros cúbicos y nuestra caja torácica no recuerda expansión alguna, tan caidas estamos, en las calles las líneas blancas, saben algo que nadie interpreta.

Esa música tan punk sigue sonando, recorre la escena que pasa a ser un objeto laminal, y la necesiadad de mudar allí hace jirones el pasado más inmediato, DOMÉSTICO.

Donde ropa tendida al gris episódico de una estación fria, esboza el final haciendo del deseo, una costumbre bien aceptada por todos.

Volvemos a susurrarle al líquien puntales palabras, y nos quieren brotar de la garganta elipsis soterradas que pueden ser todos, que decididamente somos todas, mientras la protagonista bulbarmente, da la espalda y parece acariciar texturas prometedoras.

Y sí, un atabío de papel de estraza pende de los árboles casi desnudos, anunciando el ecuador de invierno (en cualquier parque)

¿ QUÉ PLAN PARA ESO?

Ni razón

ni terrible final

ni espacio

estrechamente conpartido

ni cristalizados quebrantos